En la caja o en la ficha del fabricante casi siempre aparece un número de compresión: algo como 60, 90 o 100. Mucha gente asume que un número más alto significa "mejor bola" — la misma lógica que aplicarías a un procesador o a una tele. Con la compresión funciona al revés.
Qué mide en realidad
La compresión describe cuánto se deforma el núcleo de la bola al golpearla. Un número bajo es un núcleo blando que se comprime con facilidad; un número alto es un núcleo firme que necesita mucha más fuerza de impacto para deformarse igual. La escala se mueve, en términos generales, entre compresiones bajas (núcleo muy blando) y compresiones altas (núcleo firme), y el punto donde cae cada bola concreta lo decide el fabricante según a quién la dirige.
Por qué "más alta" no es "más lejos"
Una bola de compresión alta necesita velocidad de cabeza de palo suficiente para comprimirse en el impacto y devolver esa energía como distancia. Si tu swing no llega a esa velocidad, la bola apenas se deforma — golpeas algo parecido a una piedra dura en vez de a un muelle, y pierdes energía en vez de ganarla.
Al revés pasa lo contrario: un swing muy rápido sobre una bola de compresión baja puede llegar a "sobre-comprimirla", perdiendo control en el proceso.
La pregunta no es "¿qué compresión es mejor?". Es "¿qué compresión coincide con mi velocidad de swing?".
Cómo lo tratamos en el catálogo
En nuestro catálogo, la Callaway Supersoft está pensada para swings moderados: núcleo blando, fácil de comprimir, prioriza distancia y sensación suave. En el otro extremo, bolas como la Bridgestone Tour B X están construidas para velocidades de swing altas, donde un núcleo más firme sí llega a comprimirse en el impacto y devuelve control además de distancia. Ninguna de las dos es "mejor" en abstracto — depende de qué swing le vas a poner delante.
Si no sabes qué compresión encaja con tu swing, no hace falta adivinarlo.
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